[Barcelona]
Jornadas: Lejos del Manicomio. Locura, Mercancía y dominio en la era del consenso.
Viernes 3 de julio. 19.00 h. Ateneu Llibertari del Casc Antic
Psicosis, mercancía y muertos vivientes
O por una lectura política del imaginario fílmico de George Romero.
Los zombis tienen una peculiaridad: no hablan. Se comunican a través de mordiscos, por lo tanto no se instalan en el territorio de la neurosis, sino en el de la psicosis. No hay posibilidad de curar al zombi mediante la palabra, no hay posibilidad de reinsertarlo en el orden simbólico. La contratransferencia del psicoanálisis es imposible con ellos. Tras el mordisco desgarrador las víctimas sufren un proceso de disolución de la identidad individual, del yo, en una identidad colectiva que tampoco se puede asimilar al "nosotros" y en la que todo rasgo de cultura desaparece. La gente no se vuelve zombi por un acto de concienciación o de fanatización.
Los zombis presentan otro rasgo singular: no les interesa la mercancía ni el arte.
Cuando los zombis irrumpen en la casa aislada (1968) o en el centro comercial (2004) , muestran gran indiferencia por los objetos allí expuestos.
No manifiestan la más mínima intención de apropiárselos, ni de integrarlos en sus no-vidas. Ellos no asaltan el hipermercado para saquearlo, aunque el efecto de su acción es la destrucción de la propiedad privada. A ellos lo que les interesa son las relaciones humanas, por así decirlo.
Los zombis desvelan lo que Marx llamó el Fetichismo de la
Mercancía: bajo las confortables apariencias del universo familiar pequeñoburgués brota el horror. En 1968 la familia se devora a sí misma en el sótano en el que ha buscado refugio. En 2004 el centro comercial se vuelve una isla enloquecida rodeada de vísceras amenazantes. El enemigo es interior: son los ex-vecinos, los ex-familiares, los ex-amantes. Lo que se desencadena es pura guerra social.
Pero aunque destruyen el orden establecido, no son anarquistas. El producto de sus hazañas antropófagas no es el establecimiento de los ideales ilustrados de libertad, igualdad y fraternidad. Los zombis no se mueven en el terreno de la utopía, sino en el de un capitalismo que se autofagocita sin salidas una vez se han roto los espejos que nos devuelven el sentido.
Los millones de inocentes asesinados en las guerras coloniales y postcoloniales del siglo XX, las vidas arruinadas en las cadenas de montaje para recibir como premio el geriátrico mercenario, las masas de mujeres reducidas a vulgar ganado por obra y gracia del orden farmacológico, los muertos desparramándose por la televisión, en cada película, en cada noticiario, pero eficazmente escamoteados en la vida cotidiana – dicen que en Barcelona se los llevan en discretas furgonetas grises-, forman ese espectro que hay que estigmatizar en cada acto de consumo delirante.
Los zombis son lo real.
Ateneu Llibertari del Casc Antic